<<¿Dónde está la niña que cabalga salvaje por un montón de universos?>> Escribí en mi libreta a mediados del año pasado. No me estaba buscando porque estaba en un momento de mi vida en que sí sabía quién era y también sabía lo que quería. Lo que me faltaba era darme permiso de seguir ese camino que me ilusionaba, pero también me daba vértigo.
<<¿Y si no tengo talento suficiente?>> pensaba. Una y otra vez pasaba para el final de mis listas lo que más feliz me hacia: escribir.
Inesperadamente, esta semana se ha convertido en la primera de mi vida de escritora. Empezó cuando mi papá, de la nada, me preguntó <<¿Qué es lo que de verdad quieres?>> y tras mi respuesta que sonaba más a frase hecha que a verdad, insistió <<pero, ¿qué es lo que de verdad quieres?>>. Inevitablemente mi voz reveló lo que yo me esforzaba por suprimir creyendo que así me protegía de manera anticipada del fracaso que no existía, ni existiría, si nunca me atrevía a intentarlo: ser escritora.
Entendí en ese momento que llevaba tiempo posponiendo lo que más quiero, por miedo. Sin embargo, inconscientemente boicoteaba cualquier proyecto o vínculo que amenazara mi identidad como escritora. Lo que me faltaba, era permitirme ser lo que vine a ser.
Mi vida como escritora empezó esta semana y no empezó como algo planeado, empezó como algo inevitable porque ya no puedo sostener una vida sin lo único que me hace sentido: escribir.
Mi vida como escritora empezó con creencias desmoronándose, con resentimientos que volteé a ver porque me fue imposible no hacerlo. Lo más auténtico de mi ser me pedía salir a la luz y para eso necesitaba dejar caer las tristezas, las culpas y los enojos que me impedían hacerlo.
Empezó también con gozo. Después de meses acelerada por creer que iba siempre tarde, esta semana fue de pausas, de volver a disfrutar la comida, de bailar sola y acompañada, de sentir, y de saber que nada sucede antes o después de que sea su tiempo.
Bienvenida a esta sección de mi blog donde iré documentando mi vida como escritora.
Hasta el próximo domigo,
Carla.

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